Todo o nada para Argentina y Messi en la final

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Disfrutar. Ese es el verbo favorito en la oratoria de Lionel Messi a lo largo de su estancia en Qatar. Lo conjuga cada vez que puede. Lo empleó al menos ocho veces durante un alto al pasar por la zona mixta del estadio Lusail tras la victoria de su Argentina sobre Croacia en la semifinal de la Copa del Mundo, el mismo inmueble al cual volverá el domingo para disputar el título contra Francia.

«Hace tiempo que estoy disfrutando muchísimo», afirmó el astro de 35 años tras otra actuación sublime con la casaca albiceleste. Rumbo a su segunda y última final, de acuerdo con su sentir, Messi y Argentina disfrutan el jugarse muchísimo. La final se palpita con una sensación de todo o nada, como la última oportunidad de que Messi quede a la par de Diego Maradona — el otro futbolista argentino que alcanzó la condición de crack mundial — si obtiene el título.

Argentina quiere alzar la copa tras 30 años de decepciones. Una tercera estrella tras las conquistas en 1978 y 1986, esta última con un Maradona descomunal. En el ocaso de su carrera deslumbrante, Messi intenta atrapar el único título que se le ha resistido. Y marcar un punto de separación con Cristiano Ronaldo, quien nunca ha podido ganar un Mundial, en la rivalidad entre dos futbolistas de época.

De dos caras — feliz y combativo estos días con la Albiceleste — Messi dista mucho del jugador que acabó llorando hace seis años en una noche de verano en Estados Unidos. Messi falló el primer lanzamiento argentino en una definición por penales ante Chile en el duelo por el cetro de la Copa América Centenario. Chile emergió triunfal 4-2 para repetir como campeón de Sudamérica. Messi salía derrotado por cuarta vez en igual número de oportunidades en una final — el último partido del Mundial (2014) y otras dos ediciones de la Copa América (2007 y 2015).

«Ya está. Para mí, la selección ya se terminó», dijo en los túneles del estadio MetLife en Nueva Jersey, no muy lejos de los rascacielos de Manhattan. «Me duele más que a ninguno, pero es evidente que no es para mí». Meses después, recapacitó. Volvió a la selección, aunque siguió acumulando resultados adversos, desde despedirse en los octavos de final del Mundial de 2018 ante Francia hasta caer frente a Brasil en las semifinales de la Copa América de 2019.

La absoluta de Argentina seguía a la caza de su primer gran título desde 1993 — toda una eternidad. Dueño de siete Balones de Oro y una colección descomunal de títulos a nivel de Disfrutar. Ese es el verbo favorito en la oratoria de Lionel Messi a lo largo de su estancia en Qatar. Lo conjuga cada vez que puede. Lo empleó al menos ocho veces durante un alto al pasar por la zona mixta del estadio Lusail tras la victoria de su Argentina sobre Croacia en la semifinal de la Copa del Mundo, el mismo inmueble al cual volverá el domingo para disputar el título contra Francia.

«Hace tiempo que estoy disfrutando muchísimo», afirmó el astro de 35 años tras otra actuación sublime con la casaca albiceleste. Rumbo a su segunda y última final, de acuerdo con su sentir, Messi y Argentina disfrutan el jugarse muchísimo. La final se palpita con una sensación de todo o nada, como la última oportunidad de que Messi quede a la par de Diego Maradona — el otro futbolista argentino que alcanzó la condición de crack mundial — si obtiene el título.

Argentina quiere alzar la copa tras 30 años de decepciones. Una tercera estrella tras las conquistas en 1978 y 1986, esta última con un Maradona descomunal. En el ocaso de su carrera deslumbrante, Messi intenta atrapar el único título que se le ha resistido. Y marcar un punto de separación con Cristiano Ronaldo, quien nunca ha podido ganar un Mundial, en la rivalidad entre dos futbolistas de época.

«Hace tiempo que estoy disfrutando muchísimo», afirmó el astro de 35 años tras otra actuación sublime con la casaca albiceleste. Foto La Hora: AP.

De dos caras — feliz y combativo estos días con la Albiceleste — Messi dista mucho del jugador que acabó llorando hace seis años en una noche de verano en Estados Unidos. Messi falló el primer lanzamiento argentino en una definición por penales ante Chile en el duelo por el cetro de la Copa América Centenario. Chile emergió triunfal 4-2 para repetir como campeón de Sudamérica. Messi salía derrotado por cuarta vez en igual número de oportunidades en una final — el último partido del Mundial (2014) y otras dos ediciones de la Copa América (2007 y 2015).

«Ya está. Para mí, la selección ya se terminó», dijo en los túneles del estadio MetLife en Nueva Jersey, no muy lejos de los rascacielos de Manhattan. «Me duele más que a ninguno, pero es evidente que no es para mí». Meses después, recapacitó. Volvió a la selección, aunque siguió acumulando resultados adversos, desde despedirse en los octavos de final del Mundial de 2018 ante Francia hasta caer frente a Brasil en las semifinales de la Copa América de 2019.

La absoluta de Argentina seguía a la caza de su primer gran título desde 1993 — toda una eternidad. Dueño de siete Balones de Oro y una colección descomunal de títulos a nivel de clubes con el Barcelona, Messi seguía persiguiendo su primera corona con el seleccionado nacional.

 

El maleficio finalmente se rompió en 2021 en el estadio Maracaná, al vencer a la anfitriona Brasil en una final de la Copa América que fue pospuesta el año previo por la pandemia y que originalmente debió jugarse en Argentina y Colombia. Con Lionel Scaloni como técnico y un renovado elenco de intérpretes a su alrededor, Argentina había cambiado el chip.

Ahora, en el primer Mundial en Medio Oriente y a una semana del día de Navidad, Messi busca cerrar el círculo. Sería el desenlace perfecto para un jugador que lleva más de 15 años encumbrado como un ícono global, por su letalidad goleadora, gambeta alucinante y una zurda divina. Lleva seis partidos en Qatar y ha marcado cinco goles.

Su quinto Mundial ha sido por lejos el más destacado que ha esculpido tras encadenar una serie de decepciones, primero la impotencia de quedarse en el banquillo en la derrota por penales ante Alemania en los cuartos de final de 2006, la debacle 4-0 contra esa misma selección y en igual instancia en 2010 cuando fue dirigido por Maradona y, una vez más, frente los alemanes en la final de 2014, un partido considerado como el mejor de los argentinos en esa cita.

La eliminación en Rusia, al caer 4-3 ante Francia en los octavos de final, precipitó otro cambio de entrenador. Y Messi ha mantenido una buena sintonía con Scaloni. Acaba de superar a Gabriel Batistuta como máximo goleador argentino en Copas del Mundo, con 11 conquistas. También igualó a Lothar Matthäus, como el jugador en la historia con más presencias en Mundial, lo cual superará el domingo.

«Está bien todo eso, pero lo importante es poder conseguir el objetivo grupal que es lo más lindo de todo», afirmó. «Hemos pasado duras, buenas, y ahora me toca vivir una espectacular».

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